lunes, 4 de marzo de 2013

Entrevista en PACO


Entrevista por Juan Terranova


¿Cómo es un día en tu vida? ¿Cuánto tiempo le dedicás a entrenar y cuánto a trabajar en tus obras?

Vivo en una casaquinta en Maschwitz. A la ciudad usualmente voy dos veces en la semana, a veces más.
Me gustan muchas, demasiadas cosas. Es lo que me hace divertirme bastante y también vivir con sensación de horror por no alcanzar a hacer ni la mitad de lo que me propongo. En un buen día paso unas 5 horas en el taller. Internet se lleva un tiempo, la lectura también. Si ando escribiendo me absorbe bastante. Y veo abundante cine. ¿Puede focalizarse uno en varias cosas a la vez? Creo que no, al menos no poniendo en todo la misma calentura. Algo se hace bien y las demás cosas van en automático, con suerte. El gym  lleva una hora, 4 días on - 1 off. Ah, cuando me estoy preparando para un torneo de fisicoculturismo la dieta requiere un montón de cuidado. Ahí me pongo muy obsesivo, es necesario que sea así. Aunque me invite a comer el Papa llevo un tupper con brótola y arroz integral. También tengo que posar y preparar la rutina en el escenario, son dos meses muy jugados. 

¿Qué museos que no hayas visitado te gustaría visitar?

Cuando estuve en Bogotá el Museo del Oro estaba cerrado por reformas. Siempre había querido conocerlo, así que desde entonces más. Luego el Völkerkunde de Berlin, ahí hay piezas que conozco centímetro a centímetro sin haberlas visto personalmente -es un museo antropológico y de arte tribal, me encantan ese tipo de museos-. También los de Historia Natural. Y suelo visitar acuarios, en ese rubro tengo varios famosos pendientes. Bueno, los acuarios son un capítulo en mi vida. En otra casa en la que viví construí un cuarto especial, enteramente pintado de negro, para el que diseñé unos nichos en los que encajaban 14 tanques de medianos a gigantes. Las stars eran las rayas de río, unas criaturas increíble.

Lejos del minimalismo, el cuerpo y la materia están muy presentes en tu obra, ¿qué artistas argentinos que trabajen con esas ideas te gustan?

Tenés razón en cuanto a identificar esos ejes en lo que hago. Aunque no siempre resulta evidente, y por momentos son como distintas líneas desarrollándose en paralelo. Pero yo sé que hay puntos en los que se encuentran. La ritualidad sería un tercer eje que a veces se envuelve con los otros dos.
De artistas argentinos me genera expectativa (y ese es el término exacto) lo que sucede con Alfredo Portillos y el tatuaje sobre toda su piel que realiza su hijo tatuador. La idea es despellejarlo tras su muerte, y que la piel se exhiba y quede como gran obra final. Y me interesa, ya dentro de la tradición performática y conceptual, una experiencia como la de Verónica Meloni y Aníbal Buede en "Negociación", donde el tema justamente es la puesta del cuerpo prostituible en el lugar del arte, algo bastante complejo y con muchas puntas. En un principio ella ofrece servicios sexuales tarifados cuya contratación es registrada mediante certificados de venta o autenticidad. Gran parodia que exige una entrega hardcore.

¿Cómo y por qué nació la revista Sauna?

Del encuentro entre amigos con ganas de comunicar algunas cosas. Sauna tiene más de dos años y medio online, y diría que el panorama local de las artes visuales cambió un poco respecto a cuando comenzamos, hay señales disolventes aquí y allá. En 2010 estábamos como atorados de ganas de poner sobre la mesa ideas que sentíamos que en ese momento no estaban siendo dichas, de fundamentar posiciones. Y salir de la crítica legitimadora, la que se hace para que artista, galerista y coleccionista legitimen determinada obra. Como varios de nosotros somos artistas a veces no se entiende bien el gesto. Pero acá en estas latitudes estamos en un tiempo que nos arrastra a asumir además del de  artistas, los roles de galeristas, gestores y también críticos, todo a la vez. Bienvenidos a Tijuana.

Si no hubieras sido artista plástico, ¿qué te hubiera gustado ser?

Uh, necesito varias vidas para ser todos los que me gustaría ser. De primera te digo que dedicaría una de ellas a escribir, me temo. Y también me hubiese gustado dedicarme 100% al fisicoculturismo o al levantamiento de pesas. Haber sido un pro, lucir como un marciano hijo de puta y competir por todo el mundo.

viernes, 26 de octubre de 2012

Anatomía de un monstruo, por Laura Isola


Texto de Laura Isola para "Cuerpo de Obra" en el Caraffa.

Anatomía de un monstruo
Frank Kafka creó y le puso nombre a uno de los monstruos más famosos de la literatura. En “Las preocupaciones de un padre de familia”, el cuento que escribió en 1919, construyó un artefacto que “a primera vista parece una bobina de hilo, chata, con forma de estrella; y que en realidad parece estar cubierto de hilos; claro que se trata solamente de hilos entremezclados, viejos, anudados unos con otros”. Lo llamó Odradek, aventuró cierta etimología de su nombre e instauró una inseguridad que nos acompañará por siempre. Los que sabemos de su existencia, de su cualidad no-humana y de su sin sentido,  también supimos que ha despejado todas las dudas del narrador de ese cuento sobre la  posibilidad de sobrevivirlo. La criatura ha desplazado al creador y Odradek es mucho más que un “personaje de ficción”. Es la contracara perfecta del monstruo del Dr. Frankenstein. Mientras éste aspira a una perfección de lo humano, la superpotencia y la vanidad de superar lo divino, lo prometeico, Odradek se aleja de esa pretensión y deviene un artefacto casi precario, de una tecnología en ciernes. Sin embargo, su potencia imaginativa lo hace invencible, poderoso. Y con una descendencia acorde con su condición refractaria a toda forma de vida familiar y comunitaria. Como objeto único que elije sus condiciones de reproducción.
En ese sentido, la obra de Juan Batalla parece ser la elegida. Crear una tradición literaria para un escultor es proponer la insuficiencia de alguna en las artes visuales para denotar su trabajo. O mejor dicho, la necesidad de complementar desde los discursos literarios para hacer sentido con lo que él hace. Y ahí, creo encontrar la clave. No es posible desmembrar y fragmentar la lectura de su trabajo. Ella implica algo más amplio: un abordaje cultural a sus obras. Es que Batalla crea monstruos, algunos hechos pacientemente con goma de ruedas de bicicleta. Otros, en los que pone su propio cuerpo a disposición. Para fotografiarlo como en la serie “Cuerpo de obra”; para deformarlo y filmarlo como en el video “Metronomía dorsal”.
Por lo tanto, cuando aparecen los monstruos, inevitablemente, obligan y determinan a una experiencia cultural. Dicho con palabras de teórico, como las de Jeffrey Jerome Cohen: “un método para leer culturas desde los monstruos que ellas engendran”. Retorcidas, con superficies lisas y estriadas, anudadas y estranguladas, las gomas de bicicleta devienen en fantásticas proyecciones de su imaginación. Decenas de Odradeks vuelven a la vida, resignificando el sentido de lo Otro. Del material doméstico, la goma, a la exploración de lo desconocido. De la tradición de la escultura que se hace con materiales en desuso,  a un uso nuevo del espacio y las dimensiones. Porque, si bien es posible hacer dialogar su obra con relación a los modelos escultóricos, el resultado, los monstruos que él engendra, superan ese análisis. Se instalan como presencias alternativas e inquietantes que no dan explicaciones. En esa línea, los títulos de las piezas subrayan ese carácter ambiguo: “El que viene después”, “Lo otro”, “Transfuerza”, por mencionar algunos. Ajustada elección para no obturar la pluralidad de sentidos y liberar a la obra de las palabras.
Como el monstruo solo existe para ser leído y ya desde su etimología quiere decir “el que muestra o revela”, siempre significa algo más de sí mismo. Es un desplazamiento continuo que se sitúa en el lugar inestable entre lo que es y en lo que se está convirtiendo. “Cuerpo de obra” y “Metronomía dorsal”, por lo tanto, comparten el propio cuerpo del artista. Ya en las fotos con un traje maravilloso que se exhibe “vacío”, --dijimos que el monstruo siempre se escapa--, accedemos a las posibilidades de las posturas del cuerpo. El video, por su parte, sería como la constatación microscópica de la experiencia anterior. La espalda filmada al milímetro mientras hace una rutina de ejercicios, deconstruye lo humano y lo reenvía a un terreno desconocido. Posibilidades de existencia, mientras lo vemos: ¿un animal? ¿un artefacto? Desde lo viviente hasta lo no viviente, el ritmo de la imagen se pega a la voz. Fragmento con fragmento. Ritmo y chillido. Compás y grito.
Los monstruos de Juan Batalla aborrecen el binarismo; ellos mismos son una tercera opción para destrozar los estables senderos del sentido. Se escapan porque rechazan la categorización y hacen estallar los límites. El cuerpo del monstruo está atravesado por fantasías contradictorias pero necesarias e inherentes. El miedo al monstruo es una especie de deseo que se basa en la dialéctica repulsión-atracción. Que se siente en el cuerpo, nos causa placer y nos avisa que estamos vivos.
                                                                                  

Un paisaje muscular, por Verónica Molas para La Voz


Un paisaje muscular
En “Cuerpo de obra”, muestra que se exhibe en el Museo Caraffa, Juan Batalla combina su pasión por el fisicoculturismo con su trabajo artístico. Dice que entre la práctica artística y la deportiva hay un eslabón que pasa por el sexo.



Por Verónica Molas 28/07/2012 00:00
Una oscuridad sobre la que destella el rojo de una presencia extraña y protuberante invita a entrar en la muestra "Cuerpo de obra", de Juan Batalla. La exposición del artista porteño se exhibe en la sala más alta del Museo Caraffa (avenida Poeta Lugones 441), pintada por completo de negro.
Esculturas de caucho, extrañas formaciones como especies de alguna vegetación muy antigua, se ven rodeadas de fotografías y de un video que funciona como un latido en la pared. Lo sanguíneo recubre o descubre la carne, masas de músculos aquí y allá, aparecen entreveradas con las torsiones del caucho en una misma escena. "Retorcidas, con superficies lisas y estriadas. Anudadas, estranguladas, las gomas de bicicleta devienen fantásticas proyecciones de su imaginación", señala Laura Isola en el texto del catálogo de la muestra, sobre el recurso de Batalla, de trabajar un material tan doméstico (la goma) para llegar a "la exploración de lo desconocido".
Artista, fisicoculturista, también curador, y uno de los directores de la revista de arte Sauna (www.revistasauna.com.ar), Batalla consigue en esta muestra un cuerpo, sí, y también un paisaje muscular, elástico, flexible, dominado por el rojo y el negro en dosis casi exactas.
"Cuerpo de obra", título de la muestra, juega con algunos de los sentidos que se pueden encontrar en la frase: el cuerpo de obra que cada artista consigue como capital de su producción, casi como su presentación. Pero también, en la interpretación más directa y cotidiana de poner el cuerpo a algo, involucrarse hasta poner el propio cuerpo. Es lo que hace Batalla.
–¿Qué significó en tu caso "poner el cuerpo" en el arte? ¿Y por qué avanzar hasta el propio cuerpo?
-Soy bastante nietzscheano y creo que toda poética precisa estar bien plantada sobre la tierra y pasar por el cuerpo. Aunque la intención sea referirnos a las cosas más sutiles. Si no hay carnadura, pasa que algo que no se me arma. Y en definitiva, nacimientos, fortaleza, pasión, violencia, muerte, casi todos los temas que trata el arte refieren a experiencias del cuerpo físico. Podemos adquirir el comportamiento de los dioses, emularlos; pero en la dimensión en la que aun somos mortales, nos determina la historia de un cuerpo.
Entre el taller y el gimnasio

–Por otra parte, en el conjunto de la muestra, y como dialogan las obras entre sí, es imposible no ligar la relación del caucho con los músculos. ¿Qué te atrajo de esculpir el cuerpo?
–Las esculturas y mis experimentaciones directas con el cuerpo fueron por caminos aparentemente separados por mucho tiempo, o al menos no me interesó hacer explícita la relación, trazar el puente. En esta muestra salen a la luz vínculos directos entre lo que pasa en el taller y en el gimnasio.
"Mi naturaleza humana"
Juan Batalla dice que no quiere limitarse a tener una vivencia pasiva de du cuerpo, viendo cómo llega su decadencia. Al contrario, busca más. "Hacerlo decir lo que a mí me interesa que diga, dentro de lo posible y sano para mi naturaleza humana". Al mismo tiempo, y en un terreno nada habitual del arte, Batalla confiesa que tiene "un amor profundo por el fisicoculturismo". Para el artista, se trata de una actividad enriquecedora. "Me dio muchísimo y me permitió expandir mi percepción de la realidad", reconoce.
Batalla sostiene que entre la práctica artística y la deportiva "hay un eslabón que pasa de algún modo misterioso por el sexo y por una voluntad afirmativa, comunes a ambas actividades. Ahí comienza lo que ya no explican mis palabras sino la obra misma, en caso de lograrlo".
Latido
Como en las fotografías, en el video Metronomía dorsal Batalla involucra su propio cuerpo. Allí, donde "el ritmo de la imagen se pega a la voz", destaca Laura Isola, otra vez, esta pieza "deconstruye lo humano y lo reenvía a un terreno desconocido". ¿Un animal? ¿un artefacto? se pregunta Isola sobre estas posibilidades que la obra plantea, "desde lo viviente hasta lo no viviente, fragmento con fragmento; ritmo y chillido; compás y grito".
"El video es referencia a todo lo orgánico", señala el artista sobre Metronomía dorsal. Y relata el origen de esta obra, una experiencia que luego trasladó al video. "Hace unos años experimenté un problema respiratorio que me asustó mucho, y me quedó grabada la sensación de querer meterme en mi propio cuerpo y ver qué estaba fallando", cuenta. En detalle: "En el video mi espalda flexiona, como cuando entreno. Pero parece otro órgano, como si mirásemos dentro. Trato de sistematizar un ritmo, y la intención se expresa mediante la proyección de una hoja milimetrada sobre la espalda". Finalmente, "surge un monstruo, similar al del bosque que decís. Es cierto, la muestra es un horizonte para recortar monstruos, desde la entrada se la ve así".
"El cuerpo del monstruo está atravesado por fantasías contradictorias pero necesarias e inherentes", reflexiona Isola sobre las creaciones de Batalla. Repulsión y atracción, miedo y placer "que nos avisa que estamos vivos".
Después del recorrido, y el despliegue del personaje (Batalla, el monstruo) despierta una sonrisa ver su traje colgado en la vitrina. Una prueba de que él estuvo allí.

sábado, 14 de abril de 2012

Ísola sobre Barro para Perfil

PERFIL (4 - 12 - 2011)
EXPOSICION
Arte y religión sumergidos en el lodo existencial
El título “Barro del paraíso” alude a diferentes instancias culturales que se entremezclan en las obras expuestas: el barro es aquel sustrato siempre móvil y cambiante donde estas manifestaciones artísticas contemporáneas elaboran, cuestionan y ponen en escena diversas formas de abordaje a los fenómenos de las religiosidades populares.
Por Laura Isola


Si el bello encuentro fortuito sobre una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas fue, para los surrealistas que supieron descubrirlo, el dictado de Lautréamont y la síntesis de la vanguardia, ¿cuál sería la imagen que condense cierto estado de incertidumbre entre lo tradicional y lo moderno en el arte contemporáneo? Podríamos postular un nuevo bello encuentro, sobre la mesa ratona de un living, de artesanías indígenas y un catálogo de arte digital. Esta figura, no tan lograda como la del conde uruguayo, al menos pone en crisis o hasta llegar a postular el fracaso de las disciplinas puras –la historia del arte, la antropología, la literatura, etc.–, para dar cuenta del grado de hibridación que ya no separa a lo culto por un lado y a lo masivo y popular por el otro. García Ganclini en Culturas híbridas, el cuaderno de bitácora para entrar y salir de la modernidad que fue su libro, recomendaba “ciencias sociales nómades”, capaces de taladrar techos y pisos y vincular horizontalmente esos niveles, a primera vista separados. En ese sentido, son esos estudios transversales y anfibios los que se necesitan para entender Barro del paraíso. Arte contemporáneo y religiosidad popular.
Ya desde el nombre de la muestra curada por Juan Batalla, la reunión se hace presente. A primera vista, podría pensarse en un muestrario de obras que tienen a lo religioso como tema y esa podría ser una línea de lectura del conjunto tranquilizadora. De esa manera, lo religioso y lo popular, dos conceptos que resquebrajan las estructuras racionales, estarían domesticados por algo que llamamos “arte contemporáneo”. La función artista, entonces, sería la dominante y bajo una de las reglas de arte contemporáneo, todos podemos serlo. Sin embargo, basta seguir un poco los pasos del pensamiento del curador para darse cuenta que exige una sofisticación. La misma que le impone a su obra (Batalla es escultor) y en todo caso, a su propio cuerpo (Batalla es fisicoculturista). Por eso, si bien algunas de las obras pueden ser entendidas desde una perspectiva de contenido, Barro del paraíso borra los límites y hace ingresar a las prácticas del arte contemporáneo en una zona ambigua y de frontera con lo religioso. En el sentido inverso, seculariza la religiosidad y vuelve artesanos a los “santeros”.
Hay dos experiencias que pueden servir como ejemplo: el culto al Gauchito Gil y a San La Muerte, presentes en el espacio de la Fundación Osde. El altar rojo con sus telas y su santo neutraliza su potencia de adoración al ser montado en la sala. Ya no es patrono de los caminos sino “una instalación” de Dany Barreto que asume otra fuerza expresiva. A su lado, Charlie Goz lo metamorfosea y lo hace entrar en el género manga (cómic japonés). En su imaginación, es una suerte de superhéroe de la modernidad que remeda al milagroso correntino asesinado en el siglo XIX, una suerte de Robin Hood del abigeato, según alguna versión, en su vestimenta y poderes. El altar de San La Muerte impresiona en su simetría: las ofrendas ha sido puestas con cuidado y temor. El santo de los presos inspira un respeto extraordinario. Las tallas del tamaño de una falange, con el hueso de ella del dedo meñique es que se hacen, se incrustan en la piel, al tiempo que los tatuajes crecen como las horas a la sombra. La devoción es selectiva: sólo aquellos que cometieron “crímenes honrosos”, como de amor y venganza. Por lo tanto, al mirar a Aquiles Copini, el artista que estuvo preso veinte años, junto al altar y a sus tallas se sabe mucho más que lo que muestra su obra.
Sin convertir a la sala de exposiciones en un santuario y ni entronizar al arte contemporáneo como la nueva religión sin fisuras, Barro del paraíso sumerge a ambas prácticas en un lodo existencial. Del que siempre salimos sucios pero fortalecidos en nuestras creencias.

Barro del paraíso
Hasta el 14 de enero de 2012.
Espacio de Arte de Fundación OSDE, Suipacha 658, 1 Piso. Buenos Aires. 4328-3287/6558/3228.
Entrada libre y gratuita.

Casanova sobre Barro para Arte al día

Arte al día
Fundación Osde
Arte y religiosidad, 2011
por Laura Casanovas

El arte y la religiosidad son el eje de dos muestras que conforman un potente conjunto estético en el cual se expresan distintas miradas: la de la obra de Alfredo Gramajo Gutiérrez y las de varios artistas contemporáneos.
Ambas se presentan, en paralelo, en la Fundación Osde y constituyen una sugestiva ocasión para reflexionar y vivenciar cómo las artes visuales y la religiosidad se imbrican en diferentes momentos.
La exposición Las cosas del creer. Estética y Religiosidad en Gramajo Gutiérrez ofrece más de 50 pinturas del artista tucumano, realizadas entre 1914 y fines de la década del 1950, con la curaduría de María Inés Rodríguez y Miguel Ruffo.
Los cuatro núcleos que organizan la muestra, Devociones y ritos, Las fiestas, Los días del trabajo y Paisajes, permiten adentrarse en la particular estética de este artista que hizo del manejo del espacio y del color dos elementos claves para representar ese mundo rural sobre todo del noroeste argentino, al que supo volver con frecuencia a pesar de haberse afincado definitivamente en Buenos Aires a los 14 años.
En 1920, en tiempos de debates en torno a la constitución de “un arte nacional”, Leopoldo Lugones calificó a Gramajo Gutiérrez como “el pintor de la nación”. En tanto, el artista decía: “Yo no pinto, documento” En esa documentación se suceden las escenas de velorios, carnavales, peregrinaciones, días de trabajo, imágenes de la Virgen, entre otras, en las cuales siempre está presente lo profano, lo sagrado y la mirada devocional del artista. 
Rodríguez y Ruffo señalan en el catálogo de la muestra que “la obra de Gutiérrez construye un ámbito de la memoria al instalar para otras generaciones el paisaje exuberante del noroeste, sus protagonistas, sus creencias y dolores”. Para ello, indican, el artista apeló a su sensibilidad visual, a la saturación de la línea, a la planimetría, creando composiciones en las que sobrevuelan el misterio, la magia, la paz o el espanto. 
En tanto, la muestra Barro del Paraiso, con la curaduría de Juan Batalla, reúne las miradas de 25 artistas contemporáneos sobre la religiosidad popular, que se materializan en fotografías, instalaciones, esculturas, videos, pinturas y grabados.
Son varias los modos en que los artistas se acercan actualmente a lo religioso. “Hay artistas que echan mano de estos asuntos a modo de referencia cultural, incluso siendo irónicos o críticos hacia la misma fe religiosa; o como alegato social y político; algunos como parte de una mirada antropológica; otros en el marco de una búsqueda trascendente; o hay quienes lo hacen participando activamente en una creencia establecida que genera una producción artística”, indica Batalla en el texto de la exposición.
Distintas maneras que cada obra pone en evidencia, como el Guachito Gil en lenguaje Manga, de Charlie Goz; los Ekekos de Leo Chiachio y Daniel Giannone; la obra de Alfredo Portillos; el Memento Mori en resina poliéster, de Lorena Guzmán; la relación con la geometría en el trabajo de Federico Villarino, entre otros. 
También resulta de un gran acierto la inclusión de obras que no surgen del campo del arte contemporáneo, sino de otros contextos, como las máscaras rituales anónimas realizadas por el pueblo originario Chané y los puntos de hierro de Kimbanda. 
Se comience el recorrido por Gramajo Gutiérrez o por Barro del Paraíso nos enfrentamos a un mismo camino que vincula y complementa el arte y la religiosidad en distintos momentos. Un camino en el cual fue Antonio Berni, con su altar de la Difunta Correa, como recuerda Batalla, quien ató a la contemporaneidad “una búsqueda artística y ontológica jalonada por pioneros como Gramajo Gutiérrez”.

Ñ: Oybin sobre Barro del Paraíso

Santos y devotos con color local
Gramajo Gutiérrez, el “pintor de la nación” y artistas contemporáneos retratan en Osde expresiones muy diversas de la religiosidad. La opinión de un especialista en el tema.
POR MARINA OYBIN (extracto)
Sobre el manto, el hombre puso prolijamente velas y cuchillos. Abrió una botella de vino y otra de whisky, sirvió un par de copas. Entre falanges y huesos humanos tallados, colocó almizcle, lavanda, sándalo. Y pequeñas osamentas con coronas de diamantes fantasía. Más parcas con guadañas. Más brillo y claveles. Llegó temprano, fumó unas pitadas del habano. Quién se iba a imaginar que Aquiles Coppini, tras pasar más de 17 años en la cárcel, haría un altar en medio de una muestra. Los curas, esos que el día de la inauguración fueron a ver las pinturas de Gramajo Gutiérrez, tampoco sospecharon que se toparían ahí, a unos pasos, con un altarcito a San La Muerte.
Las cosas del creer. Estética y religiosidad en Gramajo Gutiérrez, que con curaduría de María Inés Rodríguez y Miguel Ruffo, reúne unas cuarenta obras de este artista bautizado por Leopoldo Lugones “el pintor de la nación”, y Barro del paraíso. Arte contemporáneo y religiosidad popular , con curaduría de Juan Batalla, conviven y se potencian en el espacio de Osde. En ese movimiento conjunto, las obras y expresiones de la religiosidad popular alternativas al cristianismo ortodoxo que integran Barro… interrogan e impulsan a investigar. Y, al tiempo, Gramajo (Tucumán, 1893 - Olivos, 1961) deviene contemporáneo. Cuesta abandonar la sala de Osde.
“Consideramos a Gramajo un etnógrafo visual. Su práctica puede pensarse en términos antropológicos y etnográficos, con una diferencia: en general, los antropólogos son sujetos externos a la cultura que observan”, dice Ruffo.
Gramajo pintó la Argentina indígena, mestiza y criolla. En esas figuras abigarradas, con influencia del muralismo mexicano y colores inolvidables, miró al trabajador del Nordeste, lo individualizó como sujeto social en su vida cotidiana y en devociones y ritos, mix de ortodoxia católica y tradición indígena. Ahí está, junto a temas bien hispano católicos, su “Ecce hommo” aindiado o el velorio del angelito, práctica rechazada por la Iglesia. Acido, pintó la explotación, el dolor, y al tiempo no escapó de su visión católica: vio en esas expresiones populares superstición, tragedia: “Si hasta el carnaval que destila colorido brillante y animación en las parejas, también es repulsivo y trágico, como que aquellas escenas de entusiasmo y locura terminan en sangre, pleitos, muerte”.
El gran altar a San La Muerte abre Barro del paraíso… , universo de sincretismo religioso, artístico y real. Hay figuras talladas en huesos: “Si es hueso de cristiano mejor, porque ese ya está bendecido dos veces”, dijo un recluso cuyo testimonio Rodolfo Walsh incluyó en su artículo sobre San La Muerte.
Desde Gilda a un Gauchito Gil con estética manga, pasando por unas puntas de hierro de Kimbanda, se exhibe Ofrenda, una instalación audiovisual de Lía Dansker que captura la devoción de los fieles por el Gauchito con bailes, cantos, fiesta a pura alegría carmesí. En 2010, la artista encontró el predio intervenido por el Estado y el altar enrejado: la policía regulaba la entrada y un agente pastoral católico, megáfono en mano, tapaba las oraciones de los fieles. Hay obras, entre otros, de Alfredo Portillos, Daniel Santoro, Fabiana Barreda, Cooperativa Sub, Alfredo Srur, Leo Chiachio y Daniel Giannone.

Laura Ísola sobre Paranatelion en el Galisteo de Santa Fe

Perfil:
Escultura en "La mayor"
por Laura Ísola
28 de agosto de 2011


"Por un momento se borra todo: la pared amarilla, la mesa, con el cenicero y los libros, con la carpeta verde en la que ha de decir, en letras rojas, irregulares, de imprenta: paranatellon". Esta es una de las doce veces, si mal no conté, que la palabra griega, en mayúsculas, aparece en el cuento La mayor de Juan José Saer. Fuera del contexto de este relato que trata, sobre todo, de la pérdida de la ilusión proustiana (¡ya no hay tiempo recobrado!), designa un conjunto de estrellas que aparecen juntas y establecen entre ellas una relación única. Es el nombre de la muestra de esculturas y objetos de Juan Batalla que remite a la utilización saeriana del término. Sin embargo, si para Saer la aparición en simultáneo de estos astros y la repetición de la palabra funcionaba como una ocupación del espacio, el de la escritura, lineal y paratáctico, al tiempo que demarcaba su incertidumbre sobre lo real, Batalla, con construcciones en caucho sobre madera, tiene que lidiar con el espacio y las tres dimensiones. En su versión del elenco de estrellas inseparables, las obras adquieren un nuevo sentido: arman bellas conexiones monstruosas que por sí solas no son tan evidentes. A su vez, cada una de ellas, por su carácter anfibio e híbrido, por ese devenir arte de su materia prima, se instala en la duda de la morfología y que es el traqueteo de la escritura: "Interrogar lo que está siempre, y desde siempre, en el mismo indefinido, grande, sin bordes que se derramen ni nada más allá de los bordes donde los bordes se puedan derramar, inmóvil, neutro, titilante, lugar". La muestra está en el Complejo de Salas San Martín del Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez de Santa Fe.

Soy, Página 12: fiesta aniversario de SAUNA

VIERNES, 19 DE AGOSTO DE 2011
LUX VA A FIESTA DE SAUNA
BUENOS AIRES TIENE ESE NO SE QUE
Después de haber salido eyectadx de los mágicos pero secos paisajes de Casablanca, nuestrx cronista vuelve a sumergirse en las mieles porteñas entre eventos y traqueteos que prometen abundantes bondades en el más local de los inventos: el colectivo.


Esta vez no se trató de ninguno de los saunas de Buenos Aires a los que voy a relajarme entre vapores y tragos libres, tampoco del sauna del gimnasio donde a veces concurro sólo por relojear bellezas en la ducha colectiva. Se trata de Sauna, una revista de arte dirigida por seis bombones de cuerpo y mente atléticos. La fiesta, en This is not a gallery, tenía por motivo el número 12 de la revista, este número más gay que nunca, con muchas notas interesantes, entre ellas un cuentito de Dani Umpi, una entrevista a Bruce La Bruce, una entrevista de mi vecino (que parece haber dejado los cueros y se viste como el padre Farinello) a los directores, retratados en toallita por Gustavo di Mario en una infartante producción fotográfica. Los anfitriones me recibieron cordialmente en sanguchito o, mejor dicho, en hamburguesa de seis pisos, como aquellas que suelo engullir cuando estoy melancólicx en un Burguer de Corrientes. Un chuik a cada uno y me sumergí en la muchedumbre, primero a por el vino y luego a saludar.
Había tanta gente que era imposible llegar al galpón donde proyectaban LA Zombie, de Bruce LaBruce, sin ser manoseadx. Llegué excitadísimx, tanto que no me importaron las escenas gore y seguí ardiendo en combustión rápida: el zombie, encarnado por el actor porno François Sagat, tenía un miembro terminado en gancho con el que penetraba por heridas de bala y/o cuchillo a hermosos chicos agonizantes que, gracias a su larguísima eyaculación sangrienta, revivían.
Al salir del galpón, cachondx como estaba, caí sobre un gringo muy sexy cuya silla de ruedas bloqueaba la salida. Por efecto de mis glúteos vibrantes, sin tener tiempo de presentarme, salí disparadx adonde estaba mi amiga Josefa. “¿Quién ese muchacho?”, le pregunté. “Es un amigo de los chicos de Sauna, el amigo de Bruce LaBruce que les hizo el contacto para la entrevista y, además —exageró—, dueño de los sitios de contactos Manhunt y Gaydar.” Más que una silla de ruedas, su asiento parecía el trono de un rey, al que una fila de jovencitxs en busca de una oportunidad laboral hacían una reverencia y entregaban una tarjeta personal. “¡Qué antigüedad! Ni que estuviéramos en Japón!”, le dije a otrx amigx a quien llegué tiradx de las narices por el hilo de humo de marihuana. El lugar estaba lleno de artistxs plásticxs, fotógrafxs, actricxs, guionistxs y directorxs de cine, en su mayoría de la comunidad Gltttbi. La masa era cada vez más compacta y salí del lugar expulsadx. Estaba perdidísimx en plena zona de Palermo Hollywood, donde nunca me ubico. Por milagro vi pasar un colectivo 39 que ante mi seña desesperada se detuvo; el colectivero era un chongo tatuado pelado hermosísimo, muy parecido al zombie de la película. “¿Vas para el centro?”, le pregunté. “Voy a Chacarita —me contestó—, pero subí que te llevo.” Me senté en el primer asiento y, mientras intercambiábamos miraditas por el espejo retrovisor, mi trasero sobre las calles empedradas rebotaba de alegría.

jueves, 10 de febrero de 2011

Telam, Ponieman sobre muestra en el Yrurtia

ARTE-MUESTRA/

TRES ARTISTAS CONTEMPORANEOS EN EL MUSEO YRURTIA

Buenos Aires, 27 de enero (Télam, por Viviana Ponieman).- Una muestra de los artistas Pepe Cáceres, Jorge Garnica y Juan Batalla se acaba de inaugurar en el museo "Casa de Yrurtia" (O´Higgins 2390) y permanecerá abierta hasta el 17 de Marzo.
La casa del maestro escultor Rogelio Yrurtia (1879 -1950), en el barrio de Belgrano -donada al Estado con mobiliario y obras de arte- fue convertida en museo en 1949 y dirigida por el propio artista hasta su muerte, sucediéndolo su esposa la pintora Lía Correa Morales.
Hace casi un año se hizo cargo de la dirección -concurso mediante- el profesor Osvaldo Mastromauro, reconocido crítico y estudioso del arte y la filosofía, y a la vez cercano a los artistas.
Con los mínimos recursos que cuenta, Mastromauro intenta restaurar la casa, abrir las salas, y organizar la gran cantidad de obras de la colección: esculturas del maestro de gran tonelaje, como los modelos a tamaño natural del Moisés, la Victoria y la Justicia, además de la colección de pinturas de artistas como Martín Malharro, Angel Della Valle, Eduardo Sívori, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Octavio Pinto, Benito Quinquela Martín.
Y hasta el museo cuenta con una obra temprana de Pablo Picasso que Yrurtia adquirió durante una estancia en París. Capítulo aparte son los textiles que el matrimonio reunió en sus viajes.
En medio de esta sobredosis de patrimonio, Mastromauro se propone abrir el museo a los artistas contemporáneos, aprovechando el poco espacio utilizando las galerías y el hermoso jardín de la residencia. En ese contexto se presenta la muestra de Cáceres, Grarnica y Batalla.
En la pequeña sala XI, Garnica (1956) pintor y dibujante que expone desde 1983, presenta los dibujos realizados entre 1995 y 2010.
"Como si fuesen poesías para gente de gran sensibilidad pero analfabeta, Garnica en su serie 'Humus' inventa un código de comunicación visual de la misma manera que Giotto contaba la vida de Cristo y de San Francisco a los campesinos iletrados del " trecento", escribe Yuyo Noé.
Mientras, María Negroni dice: "… signos imprecisos / de un alfabeto olvidado / o estrellas / donde comienza el deseo / de no morir / y morir / y ese mundo / esas ganas de arder / en lo incompleto…"
Saliendo hacia la alberca y galerías aledañas, Pepe Cáceres, instala sus esculturas blancas o negras de madera y otros materiales, pensadas para este atípico espacio. Este artista de más de 30 años de trayectoria, con exposiciones en el país, Brasil y Europa -donde vivió un buen tiempo- ha pasado por las más diversas técnicas desde el expresionismo hasta el Arte Madí.
Las obras que nos muestra se inscriben dentro de esta corriente estética, que pretende ser pura invención, con la premisa de no representar, no expresar, no significar, e internándose en una abstracción, en un juego libre de formas geométricas, recurre al ritmo propio de la obra que dialoga con el espacio.
Al pasear por el Jardín de Esculturas se detectan unos montículos negros, extrañas formas que al acercarse se revelan como goma, pero no de auto, sino de bicicleta. Son los ensamblajes de caucho sobre madera de Juan Batalla (1967).
Entonces se desencadenan ideas e interrogantes. Por un lado lo familiar del caucho-goma de bicicleta, hecho como un bollo, tratando de erguirse en alguna posición, podría ser lo que queda de un accidente, o hablar de "lo reciclado".
El artista descubre la ductilidad de este material, inusual para las artes, en 2004, que le permite desarrollar un complejo alfabeto de signos y texturas, pendulando entre las culturas americanas precolombinas -descubridoras del caucho- y la industrialización occidental. Como figuras de plastilina a gran escala, pugnando por una geometría difícil, en una manifestación de lo que todavía no es.
Una proto-forma que como dice, Mastromauro curador de la muestra, puede remitir a algunas figuras míticas, a cierto "Urgrund" (raíz primordial en alemán), que habla de los orígenes, y lo relata sin leyendas puntuales, extraídas directamente del inconciente.
Un buen programa para este verano caluroso en Buenos Aires es conocer la casa y los jardines del Museo Yrurtia, parte de su obra y sus colecciones, y descubrir el lenguaje de estos tres artistas, que navegan entre lo abstracto, la forma y el inconciente.(Télam).-

Ñ - Cristina Civale sobre muestra en el Yrurtia

Tres artistas actuales demoliendo mitos
En el Museo Yrurtia, con estéticas diversas, la producción de José María Cáseres, Juan Batalla y José Garnica cruza sus miradas con la de Rogelio Yrurtia, “el Rodin argentino”.

POR CRISTINA CIVALE

Tres muestras de artistas contemporáneos bien diversos pueden verse hoy en el Museo Yrurtia, ubicado en la casa del excelso escultor argentino Rogelio Yrurtia (1879-1950), cultor de la escuela academicista. En tanto Juan Batalla muestra sus peculiares esculturas hechas con caucho de bicicleta; José María -Pepe- Cáseres elige la fuente vacía del jardín del museo para rodearla y cubrirla con sus obras estilo MADI y el pintor José Garnica, elige la estrecha sala XI para colgar los dibujos excepcionales que conforman su serie Humus.
Varios puntos de la ciudad de Buenos Aires se convirtieron en icónicos gracias a la presencia de la obra de Rogelio Yrurtia, en cuya casa museo la obra de estos tres artistas establecen un diálogo, por lo menos extraño.
En un recorrido de pocas cuadras por la ciudad se pueden apreciar las monumentales esculturas del notable escultor: Canto al Trabajo, en Paseo Colón e Independencia, frente a la Facultad de Ingeniería; Monumento al Coronel Manuel Dorrego, en Suipacha y Viamonte; al Dr. Alejandro Castro en el Hospital de Clínicas; Justicia, en el Palacio de Tribunales y Mausoleo de Bernardino Rivadavia, en Plaza Once. Yrurtia también participó de un concurso internacional durante el Centenario de la Revolución de Mayo para realizar una gran escultura en la Plaza de Mayo. El primer premio se declaró desierto y el segundo lo ganó Yrurtia. Una manera engorrosa de laurearlo ya que no había mejor propuesta que la de él -según cuenta la leyenda-, pero la propuesta era tan inmensa y costosa que se convertía en irrealizable. Así se llevó un premio importante pero que no contemplaba la realización de la escultura. Si esa obra se hubiese realizado, la fisonomía y -quién sabe la historia de nuestra plaza más combativa- habría cambiado para siempre. La maqueta, que puede aún verse en su casa-museo, da cuenta de cómo la histórica pirámide quedaba en un segundo plano, tapado por un inmenso arco.
Yrurtia y su mujer, la pintora Lía Correa Morales, transfirieron al Estado su casa del barrio de Belgrano con todos sus muebles y con su colección de arte completa. La casa se abrió al público como museo en 1949. En el jardín -uno de los espacios más gloriosos de la casa- se pueden ver hoy sus boxeadores y en los pequeños cuartos del interior, además del mobiliario de un estilo renacentista flamenco, se plantan, inmensos, los modelos a tamaño natural del Moisés, perteneciente al Mausoleo de Bernardino Rivadavia, la Victoria del Monumento a Manuel Dorrego y la Justicia, entre otras. Esta obras apabullan por su tamaño que se agranda por la estrechez de las salas donde se exhiben, abigarradas, por todo tipo de objetos. Una curiosidad es un pequeño cuadro de Picasso que el pintor español regaló a Yrurtia pero que, en momentos de vacas flacas, le pide que le pague. Algo que uno puede perfectamente imaginar de Picasso, que exija, eventualmente, que se le pague un regalo. Así consta en una carta que se exhibe junto al cuadro en cuestión, firmada de puño y letra por el propio malagueño.
Cuando se ingresa al museo Yrurtia, la primera muestra temporal que puede apreciarse es la Serie Humus de Garnica, que constituye una pequeña porción de su trabajo en dibujo ya que el artista se dedica centralmente a la pintura. Según cuenta, “hace mucho tiempo leyendo un texto del (sociólogo) Nicolás Casullo retuve esta expresión: ‘ ... la situación de Latinoamérica está sujeta a la lectura que hagamos de nuestro humus cultural’”. De esa frase y de esa idea tomó el nombre y el espíritu de la serie.


Garnica, en los últimos diez años, trabajó en el relevamiento e inventario de imágenes del imaginario que nutre el circuito del arte. Así, primero realizó una serie Estudios Apócrifos, vinculados a la circulación de imágenes correspondientes a los festejos del quinto centenario del llamado descubrimiento de América. Más tarde esa serie mutó en esta que hoy exhibe en el Yrurtia. “Desde el principio -explica-, llevo casi treinta años exponiendo, traté de asimilar cierta oferta que la tradición nos ofrece y que no siempre observamos. (...) El imperativo ético de los artistas estuvo basado en consignas que privilegiaron el trabajo y la indagación, trazando líneas de investigación que deben ser entendidas como modélicas a partir del compromiso real con lo que se produce y no como mera copia. Pienso en artistas como Figari, Xul Solar, Torres García, Lozza, Hlito, Iommi, Ferrari, Noé”. Y, efectivamente, en esta suerte de alfabeto cifrado que muestra en sus dibujos es inevitable encontrar tras sus trazos originales, las ocurrencias surrealistas de Xul Solar pero también la racionalidad de Felipe Noé.
Las obras de Pepe Cáseres, pequeñas esculturas blancas y negras que responden a la forma MADI, rodean la fuente del jardín del museo. Son 17 y se ubican tanto en los bordes como en el interior vacío de agua de la fuente -sin agua por la plaga del dengue-. La forma MADI es un movimiento que alude al ritmo de la obra y que propicia que el espacio penetrante se vuelva obra. Espaciosos silencios que dialogan con los simples elementos de la geometría.
Estas formas determinan claramente los límites. Las obras, realizadas desde esta concepción, representan un tema, un sentimiento, una abstracción. “MADI no representa, no expresa, no significa. Es decir pretende ser pura invención”, afirma Cáseres. Una pena que obras negras se exhiben sobre un piso negro que diluye el juego de miradas. Las 17 esculturas, de una belleza singular, pierden con esta desafortunada elección del espacio expositivo.


El broche de oro de estas tres muestras lo constituyen, sin dudas, Tres horas para una nube, las 6 esculturas en caucho realizadas por Juan Batalla. En el fondo del jardín, donde éste casi se convierte en baldío, sus obras de gran tamaño realizadas con gomas de bicicleta producen el verdadero diálogo con las esculturas de Yrurtia, una provocación desde sus materiales y sus formas. Batalla, interesado desde siempre en el arte étnico, encontró casualmente hace siete años kilos de caucho de bicicleta tirados en una suerte de desarmadero. Antes había intentado trabajar con gomas de autos, pero le resultó inmanejable. El encuentro casual -o no- con estas viejos trastos generó un matrimonio que aún dura y rinde estos curiosos frutos: obras estrictamente contemporáneas que remiten a un arte totémico. Según el crítico Osvaldo Mastromauro, las obras de Batalla, “ensamblajes de caucho sobre madera remiten a figuras míticas, cierto Urgrund que habla de los orígenes y lo relata sin leyendas puntuales: sus totémicos figuras se alzan, enroscan o desenvuelven en tanto metáforas propias de la imaginación, rescatando la protohistoria de América, donde era usado para el juego de pelota, hace ya milenios”.
En efecto, Batalla las geometriza, desde su particular mirada, haciendo emanar sus esculturas desde un lugar insondable desde donde, sin embargo, se puede percibir la luz audaz de sus ojos de artista que enfrenta el desafío de dominar un material inédito, algo así como lo intratable del arte.


Lugar: O’higgins 2390
Fecha: 27 de febrero
Horario: martes a viernes, 13 a 19 /sabados y domingos, 15 a 19

Texto de Osvaldo Mastromauro para muestra en el Yrurtia

Juan Batalla

Si bien algún material es inusual para ser usado en el ámbito de las artes plásticas, J.B. ha desafiado esta rémora histórica,
produciendo ensamblajes de caucho sobre madera que remiten a figuras míticas, cierto Urgrund* que habla de los orígenes, y lo relata sin leyendas puntuales: sus totémicas figuras se alzan, enroscan o desenvuelven en tanto metáforas propias de la imaginación, rescatando la proto-historia de America, donde era usado para el juego de pelota, hace ya milenios.
Su versatilidad y la manera de adaptarse dúctilmente a la mano del artista revelan anfractuosidades inéditas, creando sugerentes y reveladoras efigies que parecen emitidas directamente del inconciente.
Batalla las geometriza - a su manera -, semejando emanar sus constructos desde un oscuro lugar, donde sin embargo, aflora una luzsesgada que los torna visiblemente audaces, sugestivos. Reveladores.

Osvaldo Mastromauro
Asociación Internacional de Críticos de Arte
Bs. As., diciembre 2010


* en alemán, fundamento o raíz primordial ( traducción OM).

Yrurtia: Artículo de Susanne Franz para el diario alemán

Reiches Angebot der Museen und Kulturzentren in Buenos Aires für Daheimgebliebene
Von Susanne Franz

Die Kultur macht diesen Sommer keine Pause. Um den Daheimgebliebenen oder Kurzurlaubern gerecht zu werden, bieten die meisten Museen und Kulturzentren der Stadt weiterhin ein reichhaltiges Programm. So wurden im schönen “Museo Casa de Yrurtia” in Belgrano (O’Higgins 2390, Di-Fr 13-19, Sa und So 15-19 Uhr) am vergangenen Sonntagabend gleich drei Ausstellungen eingeweiht. Im Durchgangssaal “XI” zwischen Eingangsbereich und Garten zeigt der renommierte argentinische Künstler Jorge Garnica seine “Serie Humus”. Die relativ kleinformatigen Zeichnungen mit bunter Kreide auf schwarzem Grund und “Wort”-Zeilen aus einem nur dem Künstler bekannten Alphabet überraschen alle Garnica-Fans, de seine bunten großformatigen Werke kennen. Er wollte mal “nicht immer nur Garnica sein” und raus aus seiner Haut, sagt er selbst bei der Eröffnungsfeier im verträumten Garten des Museums, und nennt seine faszinierenden neuen Bilder treffend “lateinamerikanische Poesien”.
Bevor man den Garten betritt, begegnet man der zweiten Ausstellung in der leeren Zisterne des Museums (stehende Gewässer in öffentlichen Gebäuden sind wegen der Dengue-Gefahr verboten) und dem drumherum liegenden Laubengang: Hier zeigt Pepe Cáceres Skulpturen aus Holz und Plastik, das er so geschickt bemalt und bearbeitet, dass es wie “echtes” Holz aussieht. Seine abstrakten Pflanzen ähnelnden “Skulpturengewächse” plant er nicht im Voraus: “Sie wachsen, während ich an ihnen arbeite, und geben mir auch vor, wann ich aufhören soll und sie vollendet sind”, beschreibt der Künstler seinen intuitiven Schaffensprozess.

Ganz hinten im Museumsgarten befindet sich der “Jardín de Esculturas”, in dem immer interessante Bildhauer ihre Werke zeigen: In diesem Sommer stellt hier der außerordentlich talentierte Juan Batalla aus. Batalla arbeitet mit abgenutzten Fahrradreifen, mit denen er Holz “umkleidet”. Seine höchst eigenwilligen Werke besitzen eine spannungsgeladene Aura, die einmal von der ursprünglichen Kraft der “darunterliegenden” Form ausgeht, die kaum gebändigt unter der Oberfläche zu brodeln scheint, und dem Geheimnis der sie bedeckenden äußeren Schicht aus ineinander verschlungenen Reifenbahnen, in denen das abgefahrene Profil sichtbar bleibt, und auch Kratzer und Staub und Schmutz der vielen vergangenen Fahrten. Gefesselt sein, vielleicht gefesselt sein wollen, oder doch ausbrechen, ein ständiger Kampf scheint sich hier abzuspielen und die “bewegungslose” Form lebendig zu machen.
Etwa zwei Monate will er die Ausstellungen im Museum belassen, sagt Museumsdirektor Osvaldo Mastromauro. Ein Besuch lohnt sich!
Sehr empfehlenswert für alle, die dieses Wochenende einen Kulturrundgang planen, ist ein Abstecher ins Centro Cultural Borges (Viamonte Ecke San Martín, Sa 10-21, So 12-21 Uhr): Hier sind nur noch bis zum 16. Januar einschließlich Werke aus der Sammlung Banco Nación zu sehen, die erstmals der Öffentlichkeit zugänglich sind, darunter exquisite Gemälde von Karl Kaufmann von um 1890 und viele sehr gute Werke fast aller großen Künstler der argentinischen Kunstgeschichte. Porträts der Museumsdirektoren und alte Stiche des Bankgebäudes sind in einem kleinen, feinen Nebenraum zu bewundern. Der Eintritt ist frei.
Auch nur noch dieses Wochenende kann man die wilde Schaffenskraft der vier herausragenden Künstler Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Rómulo Maccio und Luis Felipe Noé im Museo Nacional de Bellas Artes (Av del Libertador 1473, Sa und So 9.30-20.30 Uhr) bewundern. Die Ausstellung “Nueva Figuración 1961-1965″ ist ebenfalls gratis.

(Algo de lo que dice es que: "Nutrida (rica) oferta en museos y centros culturales de Buenos Aires para los que se quedan"
Por Susanne Franz

La cultura no descansa este verano. Para los que no se van o los veraneantes de paso por Buenos Aires, los principales museos y centros culturales de esta ciudad ofrecen una variada y nutrida oferta de programas. Así, tres exposiciones fueron inauguradas en el bello « Museo Casa de Yrurtia » en Belgrano el domingo pasado al atardecer.
[...]
Al fondo del jardín del Museo, se encuentra el « Jardín de Esculturas » en el cual siempre exponen escultores interesantes. Este verano nos toca el extraordinariamente talentoso Juan Batalla. Batalla trabaja con deshechos de neumáticos de bicicleta con los cuales « viste » la madera. Sus trabajadísimas obras poseen un aura cargada de tensión, fuerza original « oculta » que emana más allá de la forma, que apenas logra ser dominada bajo una superficie que pareciera hervir a borbotones. El misterio que recubre la capa externa muestra en su trama un entrecruzamiento de cubiertas gastadas, en cuyo perfil se mantiene visible también el impulso, el polvo y la suciedad de las tantas rutas recorridas. Estar cautivo, quizá querer estar cautivo, y echarse a la fuga. Se diría una lucha constante como buscando « soltar el movimiento » para hacerlo vivo.
La muestra permanecerá abierta al público durante casi dos meses, nos dice el Director del Museo, Osvaldo Mastromauro. La visita, bien vale la pena !)

Traducción Florence Baranger

domingo, 19 de septiembre de 2010

Sculpture Magazine

Nota publicada en la Sculpture Magazine, September 2010. Por Maria Carolina Baulo

Juan Batalla-An artist of the real and the trascendental worlds
http://www.sculpture.org/documents/scmag10/sep_10/sep10.shtml



The argentine artist Juan Batalla, has a peculiar work which connects art with the sacred; transforms his creations into icons which carry within the philosophy of the ancestral divinities of afro-Latin origin (orixás) as well as the personal history of the artist, specially in relation to his practice of bodybuilding. And it is important to highlight that both practices are disqualified as not honorable by the high culture; this complicates the way in which people approach to these “meta-cultures” when they are not related with the experiences they propose.

Batalla presents a mysterious world which participates of our reality and also interacts with a transcendental level; a dialectic communication where the circuit thesis -antithesis- synthesis closes in the art work. Works that combine certain aesthetic codes with the perception of a body –his own- which permanently changes. Experimentation emerges from that original nucleus where the abstraction of the spiritual and the figuration of the presence of corporeity combine. In almost every stage along his activity as an artist, his interest for abstraction and tridimensional structures prevailed: the inherent power of volumes and its magnificence, generate some sort of tension between the dense and the ethereal:”The plenitude that I felt by changing my body radically and developing physical strength to be able to participate in bodybuilding tournaments, were experiences I relate with the same passion I dig in every morning when I work in my workshop with the hammer in my hand”.

In his latest works, Batalla uses rubber from bicycle tires. Some ideas crucial: transportation, rolling, the movement of existence itself, the transit and passage between diverse worlds and states of conscious. Used tires act as memorials; they keep records, the track of time and the personal imprint, unique and irreplaceable. The tire´s tram, of textile appearance, preserve from a silent inner place, whatever is not visible in the images. Having experimented with rubber through geometry and constructivism and always with a tendency to the round circular forms which nurture one another as the cycles of life, his recent art works develop the combination of the opposite and the complementary: there is a hidden tension between the pieces hanging on the walls - connected as an organic framework - and those sculptures that appear to us with no recognizable forms. Bestiality and sensuality also play an important role when drawings and photography participate introducing the presence of a muscular body interacting with the rubber. Once more, the association body-ritual practice emerges clearly: the orixás are divinities free of prejudice, they embrace the erotic, humor and irony, against every rigid moral and religious concept that the occidental culture consolidated.

In 2001, Juan Batalla develops his craft as an artist, with huge public exposure. Since then, he participates in more than 20 individual and group exhibitions in diverse cities from Argentina and Uruguay and also international fairs such as ArteBA and ArtBO (Argentina and Colombia respectively). He also curated the exhibition “Owners of the Crossroad" at the Blanes Museum in Montevideo, Uruguay and at the Rojas Cultural Center in Buenos Aires, (2008-9). He is the co-Artistic and Editorial Director of the books “Owners of the Crossroad" (2007) and “"San La Muerte, a strange voice" (2004), and also received some international awards as the "Atabaque" Award, I.F.A., Uruguay (2002), among other activities. Therefore, his visual works are deeply related with those editorial projects he made together with the argentine plastic artist Dany Barreto, co-director of the Arte Brujo Collection, an investigation of several years which presents the combination of the interdisciplinary as a perfect combination of philosophy, anthropology, sociology and religion together with the contemporary art. As a specialist in the study of African artistic expressions, Juan Batalla’s works are influenced by Robert Farris Thompson, African-American Art Professor (University of Yale), curator and writer of several essays about Basquiat, Haring, Kuitca, among others.

These sculptures – some of which participated of his latest individual exhibition at the Recoleta Cultural Center in Buenos Aires, April 2010- explore the connection between primitive forms. Illumination becomes fundamental within this process; the volcanic sculptures made of wood covered by rubber, with a cover which hides in the inside an engine that activates the ascendant – descendent movement of those covers. All of his works influence one another; phallic forms appear with enormous intensity and refer to a masculine world. And even when black is the predominant color of the tires, rubber`s texture allows some sculptures painted in red, to become so realistic as flesh itself. That “alive” and organic effect generates empathy in the spectator and in the artist; nevertheless, the usage of robotic mechanisms produce the contrary effect, creating a definitive separation between the artist and his work.

Sculpture represents for Juan Batalla “a state of mind, a vibrating frequency from where I read reality and translate it into images”. His creations participate of the present times demands -with permanent need of the immediate - and also contemplates ancestral concepts, avoiding contemporary assumptions which sometime deny a philosophical reflection of the primitive, the essential and the nuclear. The special attention paid to lightness and weightiness relates with the works of Jose Bedia and Cornelia Parker, masters in pushing this resource to the limit. Batalla is an artist with a solid intellectual ground and dares to submit to new points of view his entire work, even when the sources of inspiration changed and there is no longer a clear identification with the influences of the past. He makes no vague interpretations or questions his choices, he lets his works go with the flow and trusts time will place them where they belong: “I see artists afraid of their own creations because they can´t make them fit into their own conceptual presumptions. Personally, I choose to set them free. It is better if they run before me”.

Raw Vision, Dueños de la encrucijada

Extracto de la nota de Kate Stanworth en Raw Vision#70

Spirits of the Crossroads
Kate Stanworth explores the Kimbanda art of the River Plate
Raw Vision #70 Fall 2010

Excerpt:
In hundreds of rooms and cellars dotted around the working class suburbs of Buenos Aires – a far cry from the Parisian style avenues and chic apartment blocks of the city’s centre – eclectic icons peer out from improvised shrines. Among them are scantily dressed femme fatales with flowing hair, dancing gypsies with veiled faces, mysterious caped warriors, earthen figures with cowry shells for eyes and mouths, and horned, devilish men.

These are some of the many manifestations of the African–American spirits Eshu and his seductive female counterpart, Pomba Gira – deities seen by a small but growing number of inhabitants of the Argentine capital as a source of consolation for their problems. Once a month, devotees bring the figures offerings of flowers, cigarettes and liquor, and the temples – usually the homes of the cult leaders – come alive with the sound of drums and singing. In a whirl of black capes and red dresses, the initiated receive the spirits in possession trances, during which the spirits are said to impart advice and wisdom.

The images of Eshus and Pomba Giras are relatively new to this European style city. Having first made the journey from West Africa to Brazil in the consciousness of slaves, it was only in the 1960s that the colourful characters migrated south to Buenos Aires via the Uruguayan capital of Montevideo, across the murky brown waters of the River Plate.

Having soaked up the mix of cultural and religious influences that had met on Brazilian shores, the icons took on the forms of folk archetypes, supernatural heroes and Catholic inspired demons. They were now part of the spirit pantheon of Umbanda, an African–Brazilian religion born from the merging of African and indigenous South American beliefs with Catholicism, Spiritism and European witchcraft.

Cut from its referents in the overtly African-influenced cultures of Brazil, the Uruguayan and Argentine artists of Umbanda are in the process of readapting their imagery to these climes. As a result shrines vary wildly in appearance, from cluttered groupings of figures spattered with blood from animal sacrifices to neat minimalist rows of iron symbols denoting suns, moons and tridents. New devotional songs are often invented in one temple and then quickly spread to others.

La Nación, Lo Otro x Daniel Molina

Metáforas de la vida
Los luminosos pájaros de Anzizar y los monstruos gloriosos de Juan Batalla celebran lo natural y los diez años que cumplió la galería palermitana Elsi del Río
Sábado 14 de agosto de 2010 | Publicado en edición impresa

Por Daniel Molina
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010
Nada natural hay en lo humano. No son naturales ni la poesía ni el genocidio ni la escritura ni el vino ni la censura ni el canto gregoriano. También se podría decir lo contrario: puesto que el ser humano es un animal, no hay nada humano -ni siquiera lo más sofisticado de nuestra cultura- que no sea natural: ni la poesía ni el genocidio. La muestras de José Luis Anzizar y Juan Batalla trabajan en el filo de esa dicotomía. De maneras muy disímiles la problematizan, la cuestionan, la desmontan y la superan: su arte sabe que la cultura es nuestra naturaleza.
Anzizar es un apasionado del vuelo: su obra es un canto al cielo. Gran parte de los trabajos que realizó en esta década están estrechamente ligados a su amor por el viaje. A través de planos de aeropuertos, de siluetas de aviones, de una paleta de tonos pastel, de bordados sobre servilletas que sobraron del último vuelo (manualidades de niño escolarizado, homenajes a las labores "femeninas"), Anzizar dibujaba el contorno de su deseo: ser otro. Ese otro que ya profundamente es. En Flying Collors (su muestra de 2009 en Recoleta), aparecía vestido de azafata. No era una pose travesti sino un desnudo total: mostraba -en carne propia- su cicatriz luminosa.
En su obra actual, los aviones persisten como pequeños monogramas bordados, pero el centro de la escena ahora lo ocupan los pájaros. Pájaros que se integran a su mundo de colores Pucci (la aeromoza que Anzizar simula ser es la que lucía los trajecitos que Emilio Pucci había diseñado para Braniff y que brillaban aún más en los aviones que había pintado, a mediados de los años 70, Alexander Calder). Los pájaros de Anzizar son colores en movimiento: no las aves que cantan, sino las plumas que vibran.
La muestra de Anzizar se titula Urban Birdwatching y se inspira en el arte de la observación de pájaros en el entorno urbano. Ni los pájaros que usa en la obra (que toma de los dibujos de Roger Tory Peterson, naturalista estadounidense) ni el entorno en el que los instala tienen nada de natural: su mundo es la paciente construcción de un hábil artesano, que no desmaya ante la desmesura tropical de los detalles. Para esta muestra, el artista produjo dos grandes objetos que simulan jarrones chinos, cubiertos completamente de enramadas coloridas y pájaros hieráticos. Estos jarrones evocan las chinoiseries que abundan en los hogares de la pampa bonaerense. Los jarrones chinos señalan la cultura en el espacio campestre: el reino de lo natural civilizado. Es decir, el triunfo de la cultura sobre la naturaleza.
Sobre esos jarrones de cartón y sobre lienzos y papeles, Anzizar pega sus pájaros recortados, lianas enroscadas, vegetales rosados, verdes pastel, celestes más brillantes que el cielo de la primavera. Borda y cose, como un aplicado alumno de corte y confección. Así construye -confiesa y recorta- su paraíso natural, completamente poetizado. Su orden es un caos: todo está por acontecer, como en el momento inicial. Su reino natural (sus pájaros perfectos, sus ramas barrocas) no es el mundo congelado de la razón sino el universo danzarín de la fiesta: el lugar en el que las aves trinan.
En el jardín de la galería, Juan Batalla exhibe tres esculturas. Es el pasaje a la tercera dimensión de los seres bidimensionales que poblaron su muestra Rinoceronte . Son objetos abstractos, cuya corporeidad sugiere la fuerza animal, el desenfreno natural y la fortaleza secreta, para nada ostentosa, del que se sabe poderoso.
Batalla trabaja con caucho (llantas de bicicleta, en este caso). En cada una de las tres esculturas hay una vibración distinta. Si bien el material impone su presencia en todas ellas (y las hermana por la "piel"), las diferencias de forma y de tratamiento las vuelve singulares. Dos de las esculturas están pintadas: una, parcialmente de rojo, y la otra, de plateado. La escultura desnuda, aquella cuya piel de caucho no recibió ningún ropaje y que exhibe impúdica su desnudez feliz, es la más potente: se integra al jardín con la violencia sutil de una planta.
De manera completamente diversa, Anzizar y Batalla producen íconos multifacéticos. Por un lado, trabajan con emblemas de lo natural, de la vida en estado salvaje o de las potencias salvajes de la vida. Por el otro, sus obras demuestran el sinsentido de la división naturaleza-cultura: son los versos de un soneto inconcluso que invita al espectador a continuarlo. Como los luminosos pájaros de Anzizar, los monstruos gloriosos de Batalla son metáforas espléndidas de la vida: es lo natural cuando se lo ha poetizado.

FICHA. Urban Birdwatching , de José Luis Anzizar , y esculturas de Juan Batalla , en Elsi del Río (Humboldt 1510), hasta el 3 de septiembre

adnJOSÉ LUIS ANZIZAR
(Buenos Aires, 1962)
Artista autodidacta, trabaja con dibujo y técnicas experimentales sobre papel. Desde el año 2000, expuso en muestras individuales y colectivas en Buenos Aires, Bahía Blanca, La Plata, Miami, Londres, Berlín y Cartagena de Indias
adnJUAN BATALLA
(Buenos Aires, 1967)
Artista autodidacta, realiza esculturas con caucho e instalaciones. Comenzó a exhibir sus obras en 2001. Expuso en Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Salta y Bogotá. Curó muestras en el Centro Cultural Ricardo Rojas y en el Museo Blanes (Uruguay) y codirige, con Dany Barreto, la editorial Colección Arte Brujo

lunes, 9 de agosto de 2010

Ramona / Mariano Soto sobre Lo otro

TIERRA, SANGRE Y POTOSÍ
Iniciación, gloria y sacrificio: una metáfora indígena en la obra de Juan Batalla

Muchas culturas prehispánicas utilizaban la semilla del cebil como sustancia psicotrópica, básicamente en rituales chamánicos, dado que el “chamán” era el enlace entre su comunidad y el más allá, las fuerzas de lo Desconocido. También se supone que de las alucinaciones producidas por el consumo de esta sustancia, derivaba la fantástica imaginería plasmada en los objetos producidos por estas culturas. Su “surrealismo” avant la lettre.
Del mismo árbol, llamado también cebil o, científicamente, Anadenanthera colubrina, extrayendo su resina, puede también obtenerse caucho. Como se sabe, éste era muy utilizado en las culturas mesoamericanas, y, tras la conquista, su uso se extiende por toda Europa.
Como en un sueño de cebil, las esculturas de caucho de Juan Batalla, nos traen el susurro secreto de la fabulosa cosmogonía indígena americana.
Superficies de caucho ensamblado, a veces en un caos frenético de cruces y enlazamientos de revoltijo visceral. Otras gobernadas por una calma y un orden aparente, con textura de dermis, oponiendo y equilibrando.
Pero bajo la superficie de caucho ancestral e industrial, las obras guardan alma de madera. Troncos de árboles diseñados por el azar de la Naturaleza y de la intervención humana –cortes utilitarios destinados a ser papel, fuego o utensilios- conforman el interior, lo profundo, lo esencial.
Formas alucinadas, por momentos zoomórficas, pero que al instante se convierten en vaso Kero, en pipa ritual, en suplicante Condorhuasi, aunque siempre fuertemente ancladas en lo abstracto, como negándose a ser aprehendidas, a ser racionalizadas Superficies y formas que se retuercen, se entremezclan, se funden y luchan por primar unas sobre otras, anulándose, superponiéndose.
La muestra llamada “Lo Otro”, de Juan Batalla, consiste en tres piezas escultóricas: una de forma casi reptante, poco elevada a ras del suelo, cuyo “soma” sugiere un animal mítico, o un suplicante Condorhuasi, dada la relación entre vacío y volumen; y que ostenta, además, el color negro “sucio” original de las llantas de bicicleta con las que fue dada a luz. Lo de sucio no es metáfora, las llantas portan tierra de muchos andares, y la exhiben con la elegancia de lo no añadido.
A ésta le sigue otro animal fabuloso, más intimidante, porque comienza a levantarse del suelo, de su condición primaria. Eleva un cuello largo y poderoso en señal de orgullo, de seguridad, y por detrás comienzan a insinuarse sus patas. Con ellas hará su camino, que es un camino doble, bifurcado. En un corte transversal, presenta dos planos de color: el negro primigenio, terroso, y el rojo sangre sacrificial. Esta criatura, mitad rojo estridente, mitad negro ancestral, es a la vez superación y muerte, gloria y aniquilación. Evolución trunca.
La tercera pieza se eleva, ya, sobre una peana. Lejos del piso, su color plata nueva, estridente, casi de nuevo rico, nos despierta la incertidumbre de si es éste su último estadio evolutivo…o su misma subsumisión, su saqueo material y cultural. Lo que parecen brazos y piernas retorcidos, mezclados en una suerte de festín orgiástico como en los templos hindúes de Konarak, puede ser también masacre, exterminación. Vidas consumidas en aras de la obtención mineral, de la plata (argentum) tributada a Europa en pesados galeones. Quiso el azar, o la eterna predisposición de las deidades al humor y a lo lúdico, que, sobre la plateada superficie de la criatura, aparezcan unas accidentales gotas resecas de color rojo oscuro. ¿Sangre del artista vertida durante el proceso creativo? ¿Vino festejante del opening como hecho social? Pequeñísimas, casi imperceptibles, son la muestra de que el arte se termina de autoafirmar en lo fortuito, lo impredecible. Una intervención no deseada, no premeditada, que los hados depositaron allí como plusvalía del discurso. Sangre y vino. Fiesta y sacrificio, las dos caras de la moneda.
A éstas figuras, obra de la oportuna mezcla de sensibilidad con fuerza bruta que es el sello de Juan Batalla, yo las rebauticé, caprichosamente, Tierra, Sangre y Potosí.
Entre ellas dialogan, discuten, se miden unas a otras. Circularmente. Saben que, aún en su disgregación, son tres partes de una misma cosa. De una misma Historia. De un mismo objeto y de su Ser.
Porque,una vez terminado el ciclo, una vez extraído el último vestigio de plata potosina, todo vuelve a comenzar.
Y el caucho en bruto, maculado de tierra, comienza nuevamente a reptar, buscando elevarse.

Revista Noticias / Victoria Verlichak x muestra en Elsi del Río

Cumpleaños feliz
“Urban Birdwatching” de Anzízar. “Lo otro” de Juan Batalla. Elsi del Río. Humboldt 1510.

Elsi del Río está de fiesta. La galería celebra su primera década con las muestras de José Luis Anzizar y Juan Batalla. Inaugurada en julio del 2000, con una muestra del mismo Anzízar, primero funcionó en la calle Arévalo y está ahora en Palermo Hollywood. Su programa, de exhibiciones y de asistencia a las ferias de arte, pone el acento en la promoción de artistas contemporáneos nacionales y extranjeros. Es dirigida por Fernando Entin, también presidente de la Asociación Galerías Argentinas de Arte Contemporáneo, entidad que participa con 12 galerías en Lima Photo 2010, con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

En el cubo blanco de la galería, Anzízar (Buenos Aires, 1962) continúa visual y conceptualmente con sus series “En tránsito” y “Aeropuertos”, marcando itinerarios y revelando movimientos que proponen una reflexión en torno a la percepción. En “Urban birdwatching” (avistamiento urbano de pájaros), Anzizar pinta sobre tela y papel, corta y pega papeles con los que dibuja trazos que sugieren la cadencia del vuelo de los pájaros, tanto como lo desconocido en el horizonte que propone la gran ciudad. En el patio de esculturas al aire libre, Batalla (Buenos Aires, 1967) instaló piezas abstractas con corazón de madera y revestimiento de caucho. El látex, retorcido y enlazado, sirve para descubrir nuevos sentidos.

lunes, 14 de junio de 2010

Dokudokushii / Juan Batalla para Tokonoma

DOKUDOKUSHII


Ululando despertará Praga, con el aliento entrecortado porque el día arrasa, en ascuas, pero sin desconcierto. No llegaré con ellos.
Es impensable que exista reflexión, u otro sentimiento que el mero alivio, o investigación policial respecto a mi muerte. Y aunque mi espectro pudiera denunciar los hechos ya estoy tan aturdido que no sería de ayuda para los hipotéticos detectives. Sin cargos.
Probablemente mi familia se irá, no habrá monumentos de formol, el vecindario no encontrará dificultades para olvidar a los Samsa. Yuxtapuestas opacidad y voluntad criminal, un cuerpo de olvido es imprescindible. Antimateria que desarticule la emasculación de vitalidad que encarno.

Greta, mi hermana, me alimentó regularmente desde que asumí la forma. Ingerí
raudo lo que necesité para seguir adelante, hasta que al sentir un pinchazo horrífico durante mi deposición, la examiné y vi brillar un cristal. Los excrementos de algo como yo son insondables, lúgubre materia. Pero esperé a que tras rato de tomar contacto con la atmósfera se hubiesen solidificado por completo para desgranarlos y encontrar la carga de cristal molido.
Ya no comí casi. A veces mastiqué cosas que aprendí a digerir y formaron parte de percibir mi nueva instalación en la realidad. Sé que ahora tengo algo de polilla, ya que me alimentó la lana; realicé un trazado especular acorde a estos apetitos. Clasificaciones de bestiario.
Pero como ya no probaba la comida, tramaron. Greta mostró una cabeza fresca e inquieta para aproximar la solución al escándalo de mi existencia. Salía mucho, creo que supe más sobre esas salidas, pero empiezo a no poder coordinar los acoples entre mis neuronas más que para identificar la unívoca erosión que me arrastra.
Hoy llegó y reconocí una modificación en el tono de las voces que hablaban de mí. Quisiera decir que los matices respondían a la congoja o a la duda, pero no es así. Sin entender qué se decía, mis oídos bestiales percibieron otras modulaciones.
Greta golpeó la puerta. Ya se había acostumbrado a no hacerlo, pero sería una forma de oponer distancia. Cuando entró, la lámpara reflejó sobre una superficie acerada de algo que acunaba entre los brazos. Lo balanceó murmurando. Entonces me dirigió la mirada tierna, completamente divorciada de la potencia del artefacto que sacudía con creciente energía. Un cazador no puede mirar así a la presa, y ella atisbó a corregir el yerro, dotando a la operación de afán aséptico, de impersonalidad que nos cobijó mientras el mecano propelía su contenido. Será la nube dispersa, la vi descomponerse en miles de gotas, mi mirada ahora fragmenta todo, cuadricula cada pliegue de lo visible y lo inyecta de tintes, blanco y negro que creo que no es ausencia de los colores humanos sino su variación más estrepitosa. El gas me humectó un incendio. Mientras trabaja tejido adentro, imagino el vapor de los volcanes. Siempre quise asomarme a la boca de uno de ellos, tributar a su poder. Y ahora me cobija, lacerante, un estallido que sucede en mi organismo, ya no cuerpo, miserable. Como si Greta, Greta u otro Samsa, me hubiera acorralado con un aerosol que emana la nube, y todos creyeran que me corro para dejarlos libres, sin horror, pero existiese un crimen que excede al de omisión: fui rociado con ardores neurálgicos. Y ya la expansión del mal dentro de mí, que ocupa el espacio que antes fue lisura, y corrompe acá lejos. El sorbo de aire, ingiero hilo plateado, oxígeno mercurial a los pulmones que se abovedan con esfuerzo, las paredes carne porosa que trasunta la ponzoña adentro. Tensa laringe, espasmo y filigrana de los órganos adheridos unos contra otros, en cadena, dándose puazos como los puercoespines en la noche desabrigada que imaginó Nietzche. La maravilla del acorde acoplando cada centímetro de mi vacilación al proceso caústico. Y resplandores opiáceos como último desafuero de mi cerebro helado.

El adelanto más significativo en el desarrollo de los aerosoles llegó en los años 20 y 30, cuando el noruego Erik Andreas Rotheim registró diversidad de patentes de mecanismos que son lo más parecido a los aerosoles con los que estamos familiarizados hoy en día. Pero hasta la Segunda Guerra Mundial los aerosoles no vivieron con éxito la producción en masa. En 1942, en el área del Pacífico, murieron más hombres por enfermedades causadas por insectos, que por la propia guerra. Este hecho inspiró a L.D. Goodhue y W.N. Sullivan, que trabajaban para el departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Goodhue era un investigador químico que en 1935 tuvo la idea de pulverizar insecticidas utilizando hidrocarburos halógenos líquidos, aunque esto no se había ensayado nunca antes. En la Semana Santa de 1941, Goodhue y Sullivan fueron impulsados a encontrar una solución para el problema del área del Pacífico, de manera que decidieron probar la idea de Goodhue. El test fue un éxito y en 1942 se desarrollaron cilindros portátiles, que se conocieron como “bomba insecto”, para ser utilizadas por los soldados. Después de la guerra, estos insecticidas se hicieron populares entre el público, al venderse en tiendas de excedentes del ejército.
(Información extraída de la página web de la Asociación Española De Aerosoles).

Juan Batalla